Blog de historia del arte de Teodoro Ignacio Fernández Sampedro

viernes, 28 de octubre de 2011

GOYA: EL ÚLTIMO BARROCO Y EL PRIMER CONTEMPORÁNEO

Aquí tienes una breve presentación sobre la vida y obra de Francisco de Goya:
Y en este enlace de nuestro blog de historia tienes dos artículos interesantes sobre la pintura de Goya, tanto del significado de su obra como la revolución que representó:


Y ahora observa las siguientes imágenes y un breve comentario sobre ellas:




«El quitasol» (1777, cartón para tapiz, óleo sobre tela)

Pertenece a la serie de cartones para tapices destinados a la Real Fábrica de Santa Bárbara, de la que Bayeu, amigo y cuñado era uno de los directores. Pintó sesenta tres cartones, en los que podemos observar la evolución de Goya.
El tema de este cartón representa a dos figuras en una escena campestre. La composición se basa en el triángulo que encierra la figura de la muchacha y la del joven que la proteje del sol con la sombrilla. Sin embargo, lo que parece interesar más a Goya es el contraste entre la luz que se refleja y la luz directa, entre el rostro a pleno sol del hombre y el rostro de la mujer, en la que se refleja la luz procedente de la sombrilla.
Papel fundamental realizan los matices de color, contruyendo una verdadera fiesta en la "atmósfera" del cuadro.


«Frescos de la cúpula de San Antonio de la Florida» (1798)

Obra realizada en la cúpula, triángulos de la vase, ábside y arcos de los brazos de cruz y ventanas de una pequeña iglesia mandada edificar cerca de la Puerta de San Vicente, a pocos kilómetros del Palacio Real. Aquí Goya se comporta como un pintor heredero de la tradición barroca y del carácter decorativo de paredes, simulando espacios abiertos.
En la cúpula, el pintor debía ejecutar un fresco que representara uno de los milagros de san Antonio: la resurrección de un asesinado para que diera testimonio de la inocencia del padre del santo, acusado del homicidio. Goya trasladó al aire libre el episodio, que presumiblemente tuvo lugar en el interior de una sala de tribunales. Pintó una sencilla balaustrada de hierro alrededor del basamento y la muchedumbre asiste al acontecimiento como si lo presenciara desde un balcón. El fresco está realizado mediante unas pinceladas amplias y vigorosas.


«Retrato de la familia de Carlos IV» (1801)


Retrato de familia que se emparenta con el realizado por el otra genio de la escuela española Velázquez, en cuanto a que Goya se autorretrata con ellos. Sin embargo, la escena se halla ordenada de una manera grosera, sin ninguna concesión al protocolo, con cierta ironía en la disposición e incluso con cierta comparación histórica en cuanto a la crisis que a partir de esos momentos atravesaría la familía real española.
La línea compositiva es frontal, muy neoclásica, pero sabiamente interrumpida por la reina y sus dos hijos menores que se destacan en el centro; para romper este posible alineamiento ha utilizado una línea muy sinuosa para los pies de los personajes que, ocultándose unos detrás de otros, rompen la rígida frontalidad.
La obra deja traslucir sus caracteres individuales y un fuerte aspecto crítico.


«El 2 de Mayo o Asalto a los mamelucos» (1814)


Con este y el siguiente cuadro Goya se convierte en el primer pintor "civil" y comprometido de la historia, asociando su nombre a los acontecimientos históricos.
La composición destila libertad, tragedia y heroísmo, con una escena tumultuosa, aparentemente confusa, pero con una inteligente y original composición resultante de la larga curva que atraviesa el cuadro presentando sus convexidad a los espectadores. La curva arranca de la cabeza del mameluco (soldado turco a las órdenes de Napoleón) que a caballo y de espaldas a nosotros permanece junto a otro caballero con casco y sable en la mano; se prolonga la curva por el cuerpo del caballo del mameluco que es herido por el paisano, para subir luego por las fiugras de los dos paisanos que luchan con los dos jinetes separando tres jinetes de los tres paisanos.


Procedencia: gentearte.com

«Fusilamientos de la Moncloa» (1814)

Como consecuencia de los desórdenes del día anterior, se mandó fusilar durante la noche y madrugada del día tres a cuantos civiles portasen armas e hicieran grupos de más de ocho personas, ademñas de a los detenidos durante la rebelión. Como en el anterior hay un intento de aproximación al escenario real, que fue la montaña del Príncipe Pío.
La escena transcurre entre el dramatismo y el romanticismo del héroe, con la luz de un gran farol que incide sobre los fusilados, que se singularizan en el persoaje central de blusa blanca que alza los brazos en actitud desafiante. El pelotón de ejecución no muestra sus rostros, sino que aparece como una máquina fría de matar. La nota violente la dan los cadáveres que yacen sobre un charco de sangre.

«El Aquelarre o el Gran Cabrón» (1829, pintura mural al óleo, hoy en lienzo)

Obra aparecida en las paredes de dos grandes salas de la "Quinta del Sordo", casa al lado del Manzanares, en la que Goya vivió en 1819. Allí pintó siete composiciones representando escenas de brujería y de exorcismo, de locas supersticiones y de delirio; se trata del mismo mundo de los irracional que ya había liberado en los Caprichos y que después de las enfermedades y crisis que padeció reviste aspectos obsesivos.
En el Aquelarre representa una reunión de brujas, presidida por el diablo bajo la forma de macho cabrío.


«La lechera de Burdeos» (1827)

Homenaje del pintor, viejo y cansado a los 81 años, a la juventud y belleza femenina, casi como un retorno a la atmósfera tierna y luminosa de los "cartones" y sus primeras pinturas.
Compuso la figura de una muchacha sentada en un animal de carga, a través de unas pinceladas pastosas y largas que parecen acariciarla, con una técnica preimpresionista.
La pintura juega con las relaciones entre los tonos fríos del vestido, del chal y del cielo, resaltados por los tonos cálidos de la carne del rostro y del cuello.


Teodoro Fernández

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